
- Historias y Cuentos-
Cristian Cruces C.
El Padre Policía.

Ha pasado mucho tiempo, mis manos aún tiemblan cuando lo recuerdo, creo que ya pasaron más de 5 años, tenía 10 años y mi hermano 5. Recuerdo que perdí a mi madre cuando Diego nació, mi padre nunca se recuperó de eso, siempre le echó la culpa a Diego. Aún más cuando perdió a su madre, creo que es muy sensible con la muerte de sus cercanos.
Cuando Diego cumplió 5 años, le compre algunos dulces al salir del colegio, estábamos muy contentos, siempre nos llevamos muy bien y disfrutamos estando juntos. Diego llegó corriendo alegre a la casa mientras yo le seguía unos pasos más atrás, él abrió la puerta y estaba mi padre sentado, esperándonos, tomo a Diego y le gritó: “¡¡cómo se te ocurre estar tan contento el día en que tu madre murió por tu culpa!!”, sin esperar respuestas él lanzó con gran fuerza a diego contra la pared. Era solo el inicio, yo impactado intenté ponerme en frente, quería que me golpeara a mí, lo hizo, pero siguió con Diego, no podía moverme de la golpiza y solo me quedaba escuchar los gritos de Diego mientras lloraba de frustración.
Cada día era peor, había cambiado y todas las personas creían que el era bueno. Mi padre era policía y le hacía favores a la gente, siempre dejaba pasar los delitos de la gente conocida, por eso lo amaban y todos hablaban maravillas de él. Cuando nos preguntaban que nos había pasado debíamos responder que practicábamos Rugby, la gente creía que nuestro padre nos incentivaba a los deportes y aumentaba su popularidad, nadie iba a sospechar del policía más respetado del pueblo.
Recuerdo el día en que estábamos viendo televisión y mi padre mandó a diego a traer su última cerveza, diego fue al refrigerador, sacó cuidadosamente la botella pero esta cayó al piso, al escuchar cómo se rompía la botella sabía que no era lo único que se rompería esa noche, mi padre se levantó enfurecido y maldijo con todo a Diego, desenfundó su pistola y se la puso en la cabeza, yo corrí desesperado contra él , gritando, suplicando, pero el me paro con una patada en seco en el estómago, caí al piso inmóvil, y lloré, no porque dolía, sino por ver a mi hermano a punto de morir, él apretó el gatillo y… CLICK!! Su arma estaba descargada, lanzó una carcajada interminable y dijo que se iba al bar a beber más cerveza y advirtió que a la próxima no estará descargada. Lloramos como nunca esa noche.
Un día el profesor de Diego descubrió todas sus marcas y cicatrices, decidió denunciar a nuestro padre, ese mismo día llegamos con Diego a la casa, sus amigos policías le habían avisado de inmediato, cuando abrimos la puerta él nos estaba esperando, tomo a Diego y se lo llevó a su cuarto, me dejó a mí afuera, corrí a la cocina, no quería escuchar sus gritos ni sus súplicas pidiéndome ayuda, tape mis oídos lo más fuerte que pude mientras lloraba, pero aun así lo escuchaba.. “!NO PAPASITO¡ !NO PORFAVOR¡” y luego gritos de dolor y llanto... en eso vi el arma de mi padre, se me había ocurrido una idea muy buena, creía yo, el tenía que dejar a mi hermano, tomé el arma y fui al cuarto mientras escuchaba sus gritos que cortaban mi alma, ya no más, me decía, entre al cuarto, él se abalanzo contra mí, me dijo que eso no era un juguete, yo le dije que lo sabía, apunte y… BAMM!!
Desde ese día me tienen a mí y a diego en el orfanato, mi hermano nunca me reprocho lo que hice y nunca hablamos del tema, solo esperamos una esperanza de vivir felices juntos como hermanos en algún hogar.