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El Hombre del Bastón.

     En un pequeño pueblo un niño jugaba con sus amigos, era un juego que ellos habían inventado con la pelota, todos corrían rápidamente hacia casi todas las direcciones mientras uno de ellos los seguía con la pelota, corrían alegres riendo y gritando, era otoño y las amarillas hojas de los árboles caían tiñendo el suelo de un rojizo oscuro. Todos eran vecinos y se conocían desde que tienen memoria, jugaban alegremente al igual que todas las tarde en las que no llovía, se conocen desde que tienen memoria e iban juntos al único colegio del pueblo.

   En un momento, mientras jugaban, algo inusual ocurrió y los niños frenan rápidamente su juego, a excepción de uno que al parecer no sabía qué era lo que ocurría y por qué sus amigos se habían quedado parados mirando hacia el fondo de la calle, giró su cabeza para ver lo que los demás niños veían; era una hombre vestido de negro que usaba un extraño bastón a pesar de que no cojeaba, tenía un aspecto muy misterioso y caminaba por el callejón hacia donde ellos estaban jugando.

     Los demás niños corrieron rápidamente a sus casas, asustados por el prejuicio ya existente sobre aquel hombre, pero él no sabía qué pasaba y porque corrían ante aquel señor, se quedó parado mientras este hombre se acercaba lentamente hasta pararse frente a él, el niño lo miró en silencio, el hombre, de unos 30 años de edad aproximada, tenía el pelo negro como la noche y en su rostro figuraba una sutil barba. Pasaron un par de segundos para que aquel hombre abriera la boca y con una voz de un hombre anciano; gruesa, suave pero segura; pregunta al niño:

       - Cual es tu nombre pequeño – el niño sin entender lo que ocurría, le contesto:

       - Me llamo Joe.

     - Que nombre tan inusual para un niño de un pueblo tan pequeño y lejano como este.

      - ¿Y tu? ¿Cómo te llamas? - pregunta el niño inocentemente.

      - Yo soy el hombre del bastón – respondió.

      - Pues, ese nombre es aún más raro – dijo el niño y el hombre sonrió.

      - Será mejor que vayas a tu casa, no quiero preocupar a tu madre.

        El niño obedeció y corrió a contarle a su madre aquel extraño encuentro mientras el hombre de bastón seguía su camino.

       Joe le cuenta a su madre lo ocurrido. Francisca su madre al escuchar el relato de su hijo se le abren los ojos quienes delataban el susto y el pánico que sentía en su interior, ella tenía miedo de perder a Joe, era lo único que le quedaba ya que su familia vivía en otro país al igual que la de su esposo ya fallecido.

Francisca le dice a su hijo de forma exaltada: :

     - ¡Pero hijo¡, !qué te he dicho de acercarse a los extraños¡, !y sobre todo nunca debes hablarle a ese hombre!.

      - Pero ¿por qué madre? – el niño había quedado desconcertado por la reacción de su madre quien no acostumbraba a hablar de esa forma.

     - Bueno hijo- dice mientras pone cara de que algo no agradable iba a decir – todo el pueblo comenta que mata a personas, sobretodo niños, que les hace cosas horribles. Además la policía lo esta buscando, por eso hijo jamás debes acercarte a ese tipo.

       En ese momento el niño sintió un pequeño escalofrío que recorrió su cuerpo, pues había entendido ante qué tipo de persona estuvo hace un momento, sabía muy bien lo que era la muerte desde que se fue su padre y sabe el mal que una persona puede hacer a otra, estuvo presente cuando condenaron al asesino de su padre.

      El niño, entonces, corrió a contarle a sus amigos del barrio lo sucedido, pero ellos no querían verlo, creían que Joe era cómplice de aquel hombre, -un simple prejuicio de niñez-, cada puerta que tocaba se le cerraba en su cara, pero una niña de su barrio lo escucho, tal vez la persona que más quería Joe que escuchara, dicha niña se llamaba María, lo hizo pasar a su casa y escucho cada palabra de Joe. María se asombró por aquel encuentro, ella no había estado jugando con los demás niños cuando llegó él con su extraño bastón. Entonces María dijo:

     - Aquí en el pueblo han ávido una serie de asesinatos a niñas últimamente, me conto mi mama, todos dicen que ese hombre de bastón fue el culpable porque que llegó al pueblo desde hace muy poco, es el único desconocido y pocos lo han visto, por eso que ya no salgo a la calle, mi mama dice que es un hombre horrible.- se notaba un pequeño desdén de tristeza en su voz.

     Lo que la niña decía no estaba alejado de la verdad, pero aun faltaba lo peor, eran simples niños a lo que no se les podía contar toda la historia. Los adultos del pueblo sabían que desde hace poco más de un mes comenzó la tragedia, una masacre. Se habían encontrado 6 cuerpos  de niñas en las pampas alrededor del pueblo, todas habían sido violadas y dos de ellas estaban descuartizadas, la ultima solo tenía 4 años. Aquel hombre del bastón había sido visto el mismo día en que encontraron el primer cuerpo, esto hizo que todos sospecharon de él desde un principio, no solo era buscado por la policía como posible sospechoso sino que también por las familias desechas de pena quienes querían hacer justicia con sus propias manos desatando todo su odio y frustración.   

     -Pero María – dice el niño, al ver la cara de tristeza de María que extrañaba salir a jugar.- No te preocupes, estarás bien. Qué te parece si sales conmigo, nada te pasará, estaras conmigo, yo te protejo, ¿si?.- Decía mientras sonreía, no le gustaba ver triste a María.

      - Es que... nose. Mi mamá no esta y no quiero que se enoje conmigo por no avisarle, últimamente no me deja salir sin permiso desde que llegó ese hombre.

    - Pero María hace tiempo que no salimos, dejale una nota en la mesa. Ella entenderá, además tu madre siempre te deja salir conmigo.- Así era, la madre de María siempre había dejado salir libremente a su hija con Joe, tenían una amistad especial, además Joe siempre es muy responsable y atento, le recordaba al padre de Joe quien fue un hombre valiente y es recordado como un mártir en el pueblo, un héroe que difícilmente no se olvidará.

       - Ya, está bien- dice la niña.

      María que era una niña de pelo liso y castaño, de una altura un poco más pequeña de lo común para su edad, toma un lápiz y escribe en un papel:    

 

“Mamá, salí con Joe a jugar, perdona por salir cuando tu no estas no te enojes conmigo

 

De ♡ María♡

Para Mamá“

 

    Luego cierra todas las puertas y las deja muy bien aseguradas, algo que es poco común en el pueblo donde no existían robos, como en la mayor parte de los pueblos pequeños todos sus habitantes se conocían; sus padres y sus abuelos habían convivido en paz y los lugareños tenían una fuerte confianza entre ellos, pero su padre que había trabajado un tiempo en la ciudad adquirió esa costumbre y la había enseñado a su familia, “la seguridad nunca esta demas” les había dicho.

       María camina con Joe por las calles de su barrio, alegre por volver a salir juntos, en el camino se encuentran un negocio muy conocido para ellos y el resto de los niños del sector, era uno de los pocos del pueblo. María y Joe como niños que eran no aguantaron la tentación y entraron a comprar golosinas, saludan a Pedro el vendedor, quien apenado se percataba de la poca concurrencia de niños en el último mes, desde que todo comenzó.

     - Hola niños, pero María que has crecido, hace tiempo que no te veía- les saluda Pedro.

       - Es que con esto de los asesinatos, mi madre no me deja salir mucho de casa.

       - Oh me imagino, ¿pero que desean niños?

      - Helados – dijo Joe, mientras se metía las manos en el bolsillo al parecer profundo donde intentaba agarrar las escasas monedas de su bolsillo con las cuáles compró dos helados.

       - Que caballero eres Joe – dijo Pedro con asombro mientras le pasaba los helados.

Joe los tomó y le dio uno a María quien agradeció con una linda y tierna sonrisa.

       - Gracias Don Pedro – dijeron los niños casi a coro mientras se retiraba del negocio rápidamente al tener ya lo deseado.

      - De nada, !vuelvan pronto¡- les grita antes que terminaran de cruzar el umbral de la puerta.

    María y Joe caminaron mientras se saboreaban  sus helados, se sentaron en una plaza a conversar de lo que habían visto en la televisión y luego jugaron en los columpios un rato, María le gustaba mucho una novela que era la más vista en el horario de la tarde, aunque a Joe no le gustan tantos las novelas, la veía porque su madre no se la perdia ningun dia, era casi sagrado para ella.

     Pasado ya un tiempo siguieron caminando sin rumbo alguno, hasta que sin querer, casi por obra del destino, habían llegado a un pequeño manicomio que había en el pueblo, donde habitaban locos menores que no causaban molestia alguna, el pueblo no era muy conocido en la ciudad y los pocos que lo conocían era debido ha este centro de salud mental donde derivaban a uno que otro loco del centro de salud mental regional que se ubicaba cerca del centro de la ciudad.

       Joe miro al cielo y se dio cuenta que estaba atardeciendo y le dice a María:

       - Es hora de irnos, ya va a anochecer

      Se les hacía tarde a los niños así que decidieron irse por un callejón a ver si de esa manera lograrían cortar camino a sus hogares, no querían que sus madres se preocuparan, sobre todo ahora que tenían miedo de aquel hombre del bastón.Aquel callejón era angosto y se oscurecía con las sombras de las murallas mientras atardecía,  mala suerte la de ellos que al llegar a la mitad del callejón se dieron cuenta que estaba tapado de basura y escombros al punto que era imposible trepar para poder cruzar.

       - ¿Y qué hacemos ahora?- preguntó María.

   - Pues ni modo, tendremos que regresar- respondió Joe dando un suspiro de decepción.

      En ese instante se escuchan pasos en el callejón: lejanos pero que se acercaban, no se hubiera extrañado si lo hubieran escuchado hace un mes, pero hoy había algo más en el pueblo, algo que hace correr a los niños ante su presencia, algo que pone nerviosas de terror a las madres, algo malo y oscuro. Los niños sienten el miedo, saben quien puede ser, y saben que es lo que les puede pasar, a su alrededor no hay más vida que ellos y tampoco alguna forma de escapar, solo existe un final.. un final abrumador, tal vez sea él... sediento de sangre de niña y que desde la mañana siguió a Joe atraído por su ingenuidad.

    Sienten los pasos cada vez más cerca, notan entre las sombras la silueta de un hombre, de un hombre sin bastón y sus pobres corazones sienten un alivio placentero, el hombre se acerca lentamente, a pesar de no ser el hombre del bastón Joe sigue sintiendo un pequeño nerviosismo, sólo podían escuchar sus tenebrosos pasos y las bolsas plásticas sonar por el viento entre tanta basura. Cuando el hombre estaba mucho más cerca notaron una silueta familiar el cual les dice::

   - Hola niños, pero ¿que hacen por estos lugares tan alejados?- de inmediato reconocieron aquella voz, era Pedro el vendedor de aquel negocio, los niños estaban ya tranquilos por la presencia de aquel hombre que han conocido toda sus vidas, habituaban ir al negocio desde muy temprana edad, Pedro acostumbraba dar dulces a los niños por lo que todo los menores del pueblo lo querían y rondaban por las cercanías del negocio.  

      - Buscábamos un atajo para llegar luego a nuestras casas, pero esta cerrado- dice Joe tranquilamente

       - Y ¿están solos?- les pregunta mirando a María fijamente.

       - Si, solo los dos – responde María ingenuamente.

      - Ah... que bueno que estén solos – dice Pedro el vendedor cambiando su cara pasiva por una más psicópata y maligna, como si el fuego ardiera en sus ojos malvados mientras sacaba un fierro entre sus ropas.

      Los niños sorprendidos e incrédulos, se dan cuenta que están en un gran problema del cual no podrían salir y que tal vez sus vidas ya estaban destinadas a terminar ante aquel demonio que encontraron una tarde de otoño.

       - María te ves exquisita – dice Pedro sonriendo placenteramente ante la posibilidad de satisfacerse con ella.

      - ¡¡No la tocaras!!- dice Joe poniéndose frente a María para protegerla mientras sus piernas temblaban.

       Pedro se acerca y dice:

    - Eres muy valiente Joe – levantando velozmente la barra de metal para golpear fuertemente a aquel niño que se interponía, mientras sonreía, como si ya sintiera la sangre del niño saltar y el crujir de algun hueso, pero su mueca de maligno placer cambia por una de extrañeza al sentir que su barra se había atorado en algo y no dejaba dar el golpe, da vuelta su rostro y ve a un hombre de cabello negro como la noche, una barba sutil y con un singular bastón que agarraba el fierro con su mano izquierda, quien con una voz tranquila, como si nada de esto estuviera pasando, dice:

       - Lo mismo creo yo.

      Pedro gira rápidamente para ensañarse con dicho hombre, pero él suelta el arma de Pedro y con una velocidad inusual agarra la cabeza del vendedor, quedando su palma en la frente. Pedro queda inmediatamente petrificado como si aquella mano que sujetaba su frente envolviese su cuerpo.

    - Es hora de que entiendas todo lo el mal que has causado, lo que las niñas sufrieron al hacerles tus asquerosidades y lo que sus familias han sufrido.

Pedro que era hijo único, sus padre nunca estuvieron con él, que había formado cierta anomalía en su gusto y había explotado con la reciente muerte de su esposa quien fue la única persona que lo acompañó en su solitaria vida, nuevamente empezaba a sentir ese dolor de pérdida que comía su corazón como si fuera un animal extraño y horripilante hambriento del alma de las personas, aún más, sentía como su cuerpo era sucio y perturbado por el dolor de sus pequeñas víctimas, quienes eran atraídas hacia él por la ingenuidad y unos dulces. Pedro al sentir tanto mal cae de rodillas y se toma la cabeza con ambas manos, es en ese momento cuando comienza en él un llanto horrible de dolor y desesperación.

      Los niños sorprendidos miraban con grandes ojos de extrañeza a aquel hombre de bastón, el cual les dice entre los estremecedores llantos de Pedro:

      - Si no me equivoco hay un manicomio cerca de aquí, vayan y díganle a un doctor que hay un enfermo en esta calle- se da vuelta y empieza a caminar, a lo cual responde Joe:

      - Pero ¿Qué pasará con el? y ¿porqué usted huye de esto si no esta involucrado en los asesinatos? !No lo entiendo¡- gritando exasperado antes que siga caminando.

      - Este hombre debe entender lo que ha hecho – el hombre de bastón calla, mira al cielo ya oscuro y continúa- Todo tiene un porqué y un para qué. Ahora no lo entenderias, pero de seguro algún día si – guarda silencio nuevamente, mira hacia el camino como tomando la distancia entre él y el final del callejón y dice: - Sigue así Joe. - se da media vuelta y se va lentamente caminando con su bastón entre la oscuridad.

 

     

      -fin- 

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